Patricia Pradera, psicóloga sanitaria con más de 15 años de experiencia en el ámbito hospitalario, ha compartido su perspectiva sobre el impacto de los diagnósticos en la salud mental de los pacientes. Especializada en psicología de la salud, psicooncología y neuropsicología, Pradera ha acompañado a numerosos pacientes y sus familias durante momentos de enfermedad, duelo y dificultades emocionales. En su análisis, subraya la importancia de abordar el impacto psicológico de un diagnóstico y la necesidad de integrar la salud emocional en la atención sanitaria.
La psicóloga ha trabajado principalmente con pacientes que enfrentan diagnósticos de cáncer o enfermedades crónicas, y ha observado que la llegada inesperada de una enfermedad puede alterar profundamente la percepción que una persona tiene de su propio cuerpo, así como su autonomía y sus planes futuros. Las reacciones emocionales como el miedo, la tristeza y la irritabilidad son comunes en estos casos, y aunque estas respuestas no constituyen un trastorno psicológico, sí son reacciones esperadas ante situaciones de alta exigencia. De ahí la importancia de evitar patologizar el malestar por defecto y de proporcionar herramientas que permitan a los pacientes adaptarse a su nueva realidad.
Pradera enfatiza que uno de los principales objetivos de la intervención psicológica es ayudar a los pacientes a recuperar un cierto grado de control sobre sus vidas. Si bien hay aspectos de la enfermedad que escapan a su manejo, los pacientes pueden trabajar en cómo gestionan la información, solicitan ayuda y se comunican con su entorno. La salud, según la psicóloga, no puede dividirse en física y emocional, ya que ambos aspectos están intrínsecamente conectados. La enfermedad afecta la manera en que una persona piensa, siente y organiza su vida, lo que a su vez influye en cómo enfrenta la enfermedad.
La intervención psicológica debe integrarse de manera sistemática en áreas como oncología y cuidados paliativos, donde se producen cambios significativos en la calidad de vida de los pacientes. Pradera argumenta que la atención temprana tiene un valor preventivo, ya que facilita la adaptación y permite identificar dificultades antes de que se conviertan en problemas crónicos.
Cuando un paciente escucha la palabra «cáncer» por primera vez, a menudo experimenta una respuesta de bloqueo. A pesar de la mejora en tratamientos y tasas de supervivencia, el término sigue siendo percibido como una amenaza vital. Esta reacción emocional intensa puede dificultar la capacidad del paciente para procesar información, lo que resalta la importancia de repetir la información en visitas posteriores y de proporcionarla por escrito. Las preguntas sobre el tratamiento y la vida cotidiana surgen rápidamente, junto con una dificultad para tolerar la incertidumbre.
Pradera también destaca la necesidad de ajustar la intervención a cada fase del proceso. En las primeras etapas, es crucial ayudar a los pacientes a organizar la información y a identificar sus necesidades inmediatas. Además, es importante abordar ciertos mensajes del entorno que, aunque bienintencionados, pueden generar presión sobre el paciente, inhibiendo su capacidad para expresar emociones negativas como el miedo o la tristeza.
El impacto de una enfermedad grave no se limita al paciente, sino que se extiende a toda la familia. Pradera describe cómo la enfermedad modifica roles y patrones de comunicación dentro del hogar. Un fenómeno común es la «conspiración del silencio», donde tanto el paciente como la familia evitan discutir preocupaciones por temor a angustiarse mutuamente. Aunque esta dinámica puede parecer protectora, a menudo resulta en un aislamiento emocional que complica aún más la situación familiar.
Etiquetas: Salud Mental, Patricia Pradera


















































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