La psicología ha dedicado numerosos estudios a entender cómo los nacidos entre 1945 y 1965, conocidos como baby boomers, gestionan sus emociones de manera efectiva y priorizan lo esencial en sus vidas. Estos análisis revelan que esta capacidad se debe, en gran parte, a los periodos de incertidumbre que han vivido a lo largo de su existencia. Entre 1939 y 1945, la Segunda Guerra Mundial marcó un antes y un después en la forma de concebir la realidad para muchas personas, especialmente para quienes nacieron al final del conflicto y tuvieron que enfrentar un mundo en transformación, caracterizado por hambrunas y un nuevo orden mundial. En el caso de España, este contexto se vio agravado por la Guerra Civil, que tuvo lugar entre 1936 y 1939 y dejó a millones de ciudadanos en situaciones de vulnerabilidad.
Varios estudios recientes han evidenciado que estos eventos históricos han contribuido al desarrollo de una personalidad en la que la gestión emocional y la capacidad de priorizar lo importante son fundamentales. Los baby boomers, en contraste con las generaciones más jóvenes que han crecido en contextos más favorecidos y que, salvo la pandemia, no han vivido grandes acontecimientos históricos, tienden a valorar las pequeñas cosas de la vida. La psicóloga Laura Carstensen, de la Universidad de Stanford y creadora de la teoría de la selectividad socioemocional, destaca que las personas ajustan sus prioridades cuando son conscientes de que su tiempo es limitado. Por ello, los baby boomers se enfocan en las experiencias que les aportan bienestar y fortalecen sus vínculos más cercanos.
Carstensen sostiene que la forma en la que estas personas han vivido les ha enseñado a valorar lo realmente significativo, lo que les permite distinguir entre situaciones que requieren atención y aquellas que pueden pasar desapercibidas. Esta habilidad no solo les ayuda a gestionar sus emociones, sino que también reduce el impacto del estrés, un fenómeno que afecta a miles de millones en todo el mundo.
Los estudios indican que los baby boomers han enfrentado momentos críticos que les han permitido desarrollar resiliencia, adaptabilidad y herramientas prácticas para resolver problemas cotidianos. Este conjunto de experiencias les ha proporcionado una «piel más dura» para afrontar los desafíos del mundo actual, resultando en una mejor capacidad para lidiar con las adversidades de la vida.
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