Un panel multidisciplinar compuesto por profesionales de Cardiología, Medicina Familiar y Vacunación ha elaborado un consenso que revisa la conexión entre determinadas infecciones y la enfermedad cardiovascular. El documento destaca el valor preventivo de las vacunas contra la gripe, la enfermedad neumocócica, el virus respiratorio sincitial (VRS), la COVID-19 y el herpes zóster, subrayando que las infecciones sistémicas y respiratorias pueden elevar el riesgo cardiovascular debido a los procesos inflamatorios que generan y a otros factores que provocan la inestabilidad de las placas ateroscleróticas.
Esta relación entre infecciones y salud cardíaca resulta especialmente crítica para las personas mayores y los pacientes que ya padecen patologías cardiovasculares, debido a su mayor vulnerabilidad ante las complicaciones de las infecciones y los efectos adversos que estas producen en el sistema cardiovascular. Por este motivo, el consenso propone ampliar la perspectiva de la prevención cardiovascular, integrando la vacunación como una medida fundamental dentro del seguimiento de estos pacientes.
Dentro de las vacunas analizadas, la antigripal es la que cuenta con el mayor respaldo científico en cuanto a su capacidad para reducir los eventos cardiovasculares, especialmente en personas de alto riesgo o tras haber sufrido incidentes cardiovasculares agudos. La Dra. Esther Redondo, especialista en Medicina Familiar e integrante del Grupo de Trabajo de Infecciones, Migrante, Vacunas y Actividades Preventivas de SEMERGEN, destaca que la vacunación no debe considerarse únicamente como una herramienta contra las infecciones, sino también como una medida protectora específica para los mayores y los pacientes con patologías cardiovasculares.
En cuanto a las vacunas contra el herpes zóster, la COVID-19, el VRS y la enfermedad neumocócica, los expertos admiten que la evidencia sobre la reducción directa de eventos cardiovasculares es limitada. No obstante, su capacidad para prevenir infecciones y reducir el número de hospitalizaciones justifica su inclusión en un enfoque preventivo integral, basado en recomendaciones personalizadas para cada caso clínico.
El documento pone de relieve la necesidad de mejorar la coordinación entre los distintos niveles asistenciales, incluyendo la Atención Primaria, la Cardiología y la Salud Pública, para aplicar estos hallazgos en la práctica clínica diaria. Para ello, se propone la creación de circuitos colaborativos que permitan revisar el estado de vacunación de los pacientes y optimicen las tasas de cobertura vacunal.
En este escenario, la Atención Primaria desempeña un papel fundamental, ya que permite un seguimiento continuo de pacientes con enfermedades crónicas, la identificación de factores de riesgo, la revisión de sus estados de vacunación y el aprovechamiento de las interacciones con el sistema sanitario para aplicar medidas preventivas. El objetivo es lograr una prevención cardiovascular más completa que no se limite únicamente al control de factores como el tabaquismo, la hipertensión o el colesterol, sino que también incluya otros elementos que puedan perjudicar la salud de los pacientes cardiovasculares.
Finalmente, los expertos concluyen que mejorar las coberturas de vacunación e integrarlas en los circuitos asistenciales permitiría reducir la incidencia de complicaciones infecciosas y las descompensaciones cardiovasculares, contribuyendo así a mejorar los resultados clínicos en esta población vulnerable.

























