El ejercicio debería tener un papel más destacado en el ámbito médico, según Mikel Izquierdo, catedrático de la Universidad Pública de Navarra. En una reciente entrevista, Izquierdo propuso que la actividad física actúe como una especie de “vacuna” contra ciertas enfermedades, sugiriendo que es fundamental que esta práctica se convierta en una intervención planificada, progresiva y adaptada a cada individuo. A menudo, a pesar de conocer los beneficios del ejercicio, muchas personas no logran integrarlo en su vida diaria, lo que hace necesaria una transición desde consejos generales hacia una verdadera prescripción de actividad física.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también resalta la importancia de ajustar la actividad física a las capacidades individuales, especialmente en personas con enfermedades crónicas. El enfoque del investigador combina tres áreas fundamentales: ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza y trabajo de equilibrio. Estos elementos son cruciales: la actividad aeróbica mejora la capacidad cardiorrespiratoria, el entrenamiento de fuerza es esencial para mantener la masa y función muscular, y el equilibrio es vital para conservar la autonomía y reducir el riesgo de caídas en la población mayor.
Se recomienda que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada cada semana, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana. Para los mayores con movilidad limitada, se sugieren actividades centradas en mejorar el equilibrio. Izquierdo también subraya la importancia de mantener la fuerza muscular durante el envejecimiento, ya que permite realizar actividades cotidianas y mantener la independencia.
El informe en The Journal of Nutrition, Health and Aging presenta evidencia sobre el impacto del ejercicio en la prevención del envejecimiento patológico y en el manejo de diversas enfermedades, incluyendo problemas cardiovasculares, metabólicos, neurológicos y respiratorios. Asimismo, se mencionan casos clínicos en los que programas de fuerza personalizados han acompañado a pacientes con cáncer durante su tratamiento.
Otro aspecto destacado por el investigador es la relación entre la actividad física y la salud mental. En la entrevista, se citó un estudio que demuestra que el entrenamiento de fuerza de alta intensidad redujo significativamente los síntomas de depresión en un 61% de los participantes mayores, en comparación con un 21% en el grupo que recibió atención habitual. Este resultado, aunque no implica que el ejercicio sustituya a los medicamentos, indica que la dosis y la intensidad pueden tener un impacto positivo en la salud mental, sugiriendo que el ejercicio puede integrarse en un enfoque terapéutico supervisado.
La OMS señala que la actividad física es beneficiosa a cualquier edad, incluso en pequeñas dosis, siendo preferible a la inactividad total. Sin embargo, iniciar con ejercicios sencillos y avanzar progresivamente es especialmente crucial en casos de fragilidad o mala condición física. Las rutinas pueden comenzar con actividades simples, como caminar o realizar movimientos de equilibrio, y ajustarse en duración, frecuencia o intensidad según la evolución del individuo.
Para que el ejercicio se convierta en una herramienta terapéutica efectiva, Izquierdo enfatiza la necesidad de contar con profesionales formados y recursos adecuados en el sistema sanitario. Médicos, fisioterapeutas y especialistas en ejercicio deben colaborar en el diseño y seguimiento de programas personalizados. El objetivo de Izquierdo no es competir con los medicamentos, sino ampliar las opciones disponibles para prevenir enfermedades, tratar problemas existentes y mantener la autonomía, convirtiendo el ejercicio en una intervención con metas claras y un seguimiento adecuado.
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