La situación sanitaria en Ceuta ha alcanzado niveles alarmantes, reflejando una crisis de salud pública derivada de la afluencia masiva de personas a la ciudad autónoma. Esta llegada descontrolada ha creado condiciones insalubres que amenazan con generar brotes de enfermedades contagiosas. Los profesionales sanitarios han expresado su preocupación por patologías como la varicela, las neumonías, la sarna, las infecciones de heridas y el deterioro de enfermedades crónicas, situaciones que requieren una vigilancia intensificada y han incrementado notablemente la presión sobre los hospitales, que deben destinar recursos para pacientes que necesiten aislamiento.
Enrique Roviralta, presidente del Colegio de Médicos de Ceuta, ha destacado que el cumplimiento de los esquemas de vacunación es crítico. Esta situación se agrava por la falta de identificación oficial y de un hogar estable entre una parte considerable de la población, que Roviralta estima podría alcanzar las 20.000 personas. De este grupo, apenas una pequeña fracción ha podido ser acogida en el centro de Loma Colmenar, que tiene una capacidad limitada a aproximadamente 1.000 individuos. Mientras tanto, persisten asentamientos en condiciones precarias, como el de la playa del Trampolín, donde algunos habitantes viven en situaciones extremas, incluso entre árboles. La combinación de estas condiciones, junto con la falta de higiene y de acceso a vacunas, eleva el riesgo epidemiológico a niveles significativos.
La crisis también impacta a personas mayores y a pacientes con enfermedades crónicas que, por temor, evitan acudir a los centros de salud, lo que está ocasionando un agravamiento de sus condiciones. Asimismo, se ha generado una inquietud creciente respecto a la salud mental de los adultos y niños en la región. Muchos menores, incluidos aquellos con trastornos como el TDAH o trastornos del espectro autista, no han podido tener un verano adecuado y muestran miedo a regresar a las aulas, lo que puede llevar a diagnósticos psicológicos inapropiados en el futuro.
El proceso de identificación de esta población se presenta como el principal obstáculo para llevar a cabo una vacunación efectiva, que debería ser prioritaria. Roviralta indica que, en el mejor de los casos, solo se ha logrado identificar y registrar al 10% de las personas que viven en la calle o que están sin control. Hasta ahora, las vacunaciones han estado limitadas a personas identificadas o han consistido en vacunas en anillo para contactos directos de casos positivos que son manejables. La idea de implementar una campaña de vacunación masiva y universal para la población en riesgo, que podría abarcar entre 6.000 y 20.000 personas, parece inalcanzable en este momento. La situación se complicará aún más con la necesidad de administrar la segunda dosis, ya que completar los esquemas en una población dispersa y no identificada constituye un reto monumental.

























